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Contigo, hasta el infierno


Lo que hacemos es importante, sí, pero lo que realmente marca la diferencia, es con quién lo hagamos. Se lo dije muchas veces. Le dije que con él iría hasta el infierno. Creo que nunca me creyó.

Y aquí estamos ahora los dos, él con su adulterio a cuestas, y yo con la pistola que nos ha quitado la vida. ¿Tienen celdas de matrimonio?

Todo un gentleman


Un gentleman siempre debe ser un gentleman. Ante todo, no hay que perder las maneras. Si bien es cierto que es más fácil salir airoso de la barra de un bar de postín que de situaciones como ésta, no siempre podemos reducir todo a saber pedir un Martini. 

El traje, planchado. El reloj, en hora. Y en los labios, las palabras adecuadas. Nada de gritos, nada de aspavientos.

Así que ahora que veo cómo pendo sobre el Támesis con mis pies encerrados en un bloque de cemento, no ofreceré a mis captores un espectáculo de súplicas y lamentos. No. En su lugar, corrijo la posición de mi pajarita, les dedico mi sonrisa más encantadora, y pronuncio las que serán mis últimas palabras:

- Adoro bucear.

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En algún lugar, un árbol de post-its.
Bajo él, un muchacho. 
En cada nota, una frase.
En cada frase, una lección.

Una de las hojas cae.

<Añorar el pasado es correr tras el viento>

El muchacho comprende.

Llora por lo que nunca podrá recuperar.

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Somos cómplices de esta locura


Me hundo en sus ojos buscando la culpa en su interior. No es difícil de encontrar, porque tampoco pretende ocultarla. Pero no me siento aliviada. A quién quiero engañar, somos cómplices de esta locura. Mi reflejo me devuelve la mirada, igual de acusadora.

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El rey ha muerto


El rey ha muerto. Ésas son las palabras que escuché al despertar aquella noche. Después vinieron todos los preparativos para el funeral y la posterior coronación. Las reverencias. Los saludos. Me recordaron mis nuevas obligaciones. Subí al trono, y cumplí con mi deber.

Nadie pareció recordar que esa noche, había perdido a mi padre.

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Vivimos en permanente búsqueda y captura. La tecnología avanza cada día para para hacernos desaparecer, y libros enteros versan sobre nuestra extinción.

Pero resistimos. Tenemos aliados que nos mantienen a flote, por el mero hecho de ignorarnos. Nos hacemos fuertes en el dedo que se tropieza sobre el teclado, o en el bolígrafo que se rebela.

No nos oyes, pero nos verás. No somos libres y gritamos livertad.

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